18 ago. 2013

Sobre el Dolor Lumbar, Posturas e Imposturas



¡Ponte recto! ¡Siéntate bien, como Dios manda!

La bipedestación y la sedestación cargan la columna. Para minimizar el sufrimiento mecánico, la degeneración, hay que conseguir una postura adecuada, tanto de pie, como sentados o tumbados. Debemos proteger nuestra arquitectura tetrápoda de los rigores del bipedismo y el nalguismo.
Espalda recta, caderas horizontales, hombros tirando hacia atrás, una buena tensión muscular pélvica y abdominal…

Hay que curvar lo que la dejadez tiende a rectificar y rectificar lo que invita a curvarse.

Mantener los cánones de la buena postura es trabajoso e insoportable, salvo para aquellos que necesitan someter el cuerpo a los cánones de la estética como los bailarines. Para el ciudadano medio resulta un objetivo complicado y doloroso.

El paciente lumbar recibe consejos de buena postura con sus dibujos correspondientes y trata de controlar una fuerza que constantemente le lleva a violar lo aconsejado. ¿Conclusión? Mi columna ya no consigue adoptar la buena postura. Está condenada irremisiblemente a la degeneración progresiva. Ya no hay remedio. El árbol torcido hay que enderezarlo cuando es un retoño…
En algún momento se comenzó a predicar la teoría de la salud de la columna sin tomarse la molestia de comprobar si lo predicado era cierto. Somos de natural cándido y muchas propuestas de los expertos, con engañosa apariencia de sentido común cuelan como verdad aun cuando no lo sean.

Explicamos a los pacientes la cuestión de las evidencias científicas, la necesidad de someter a lo que se dice a la verificación rigurosa. Antaño las hipótesis se sometían al veredicto del éxito. Aquello dicho que era admitido como cierto por quien lo decía o porque tenía aspecto convincente adquiría la categoría de verdad incontestable.

Ningún mortal ha andado, se ha sentado o tumbado como mandan los cánones. Ni siquiera los predicadores. Nuestras madres se han esforzado en que la rectitud guiara cuerpo y alma. Algo tiene lo recto que lo hace recomendable pero difícil de obtener. Lo curvo nos desvía del camino recto.
Todos los pacientes del grupo estaban instruidos en el recto temor a lo torcido. Todos habían fracasado en conseguir la buena conducta postural. Realmente lo que impone la postura es el dolor, la búsqueda inútil del alivio en la silla siempre imperfecta. Asier (fisioterapeuta) escenificó con su columna los mitos de la rectitud, la simetría, las curvas, la musculación debida. A medida que iba hablando y mimetizando lo dicho con su cuerpo  los pacientes iban despatarrándose inconscientemente en sus sillas. La paciente que el primer día tuvo que recibir la clase de pie permaneció sentada (mal sentada, por supuesto) en esta segunda jornada.


Hay mucha impostura (falsedad con apariencia y tratamiento de verdad) en esto de las posturas. Las evidencias científicas no parecen corroborar lo que se proclama con solemnidad.

El miedo a la mala postura genera la postura del miedo, una postura que incluye dolor, agarrotamiento y estrés mecánico innecesario.

El dolor surge del cerebro.

El organismo repara aceptablemente las lesiones.

El dolor no es un buen indicador del estado de los tejidos.

Olvídese de la buena postura canónica, de sus rectas y sus curvas…



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